Alejandro Málaga Núñez-Zeballos [1]
Universidad Nacional San Agustín, Arequipa
Academia Peruana del Pisco

 

El conocido e histórico Valle de Majes, ubicado en el departamento de Arequipa, provincia de Castilla, es un área que actualmente cuenta con un prestigio que viene desde la época virreinal, basado en que los primeros españoles en el siglo XVI al percibir las cualidades del territorio para sembrar vides y posteriormente producir distintos vinos, piscos y vinagres, lograron una significativa producción que abasteció no sólo a los vecinos de la ciudad de Arequipa, sino que fueron comercializados en el sur y el Altiplano peruano-boliviano, llegando cientos de miles de botijas hasta el centro minero más grande y poblado de Sudamérica, el Cerro Rico de Potosí. En la historiografía peruana, esta actividad de la viticultura y comercialización de los productos ha sido estudiada por historiadores como Kendall Brown con: “Bourbons and Brandy: Imperial Reform in Eighteenth-century Arequipa”(1986), Carlos Buller Vizcarra con: “Vinos, aguardiente y mercado. Auge y declive de la economía del vino en los valles de Arequipa”(2011) y Eduardo Dargent Chamot, autor de: “Vino y Pisco en la historia del Perú”(2013), obra laureada por la prestigiosa GOURMAND AWARDS el 2014.

Desde el siglo XVI hasta la fecha, en Majes los principales cultivos fueron las vides pero en distintos períodos de su historia condicionados a factores económicos y de salubridad, los agricultores reemplazaron las vides por la caña de azúcar y el arroz como productos más sencillos de cultivar, generaban menos gastos y cuidados y más ganancia. En la actualidad, vemos nuevamente un cambio, el arroz está siendo desplazado por las vides y se está incrementando la producción de singulares vinos y piscos premiados en concursos locales, regionales y nacionales, a raíz que algunas familias tradicionales retomaron dicha actividad, logrando posesionarse en el mercado nacional e internacional.

Hace un siglo, en medio de la Primera Guerra Mundial, en el Perú transcurría la etapa denominada por Jorge Basadre como la República Aristocrática, la  ciudad de Arequipa era el eje comercial del sur del Perú con el acopio de lanas y el ferrocarril transportaba artículos comerciales entre todos los pueblos del territorio, en el valle de Majes surgió la inquietud cultural de producir un periódico, en el pueblo de Aplao se materializó el ansiado proyecto de editar un medio de comunicación local, que difundiera sus propias noticias y algunas de la ciudad de Arequipa, de la capital e internacionales. Los majeños interesados animosos formaron una empresa que la llamaron: “Sociedad Anónima Tipografía Castilla”, inicialmente se formó con 80 libras de capital y posteriormente se amplió a 100, costando cada acción una libra.

Se promocionó la adquisición de las acciones y los interesados las compraron, adquirieron 5: Dionisio Durán y Hermógenes Vera, con 4 acciones: Dr. J. Bedregal Delgado y Luis O. Belaunde, con 3 acciones: Isaías Lazarte S. y Andrés C. Portocarrero, con 2 acciones: Amadeo Chirinos, Eduardo Chirinos Pacheco, Dr. Miguel W. Farfán, Zacarías J. Febres, Roberto García, Daniel T. Huaco, Wenceslao Huaco, Daniel P. Lizárraga, Felipe S. Rosas, Dr. Pedro C. Villena y Manuel Zúñiga Z, y con una: Luis Alatrista, Bonifacio Alpaca, Enrique Araico, Emilio Arnillas, E. de Belaúnde y R, Calixto Berlanga, Narciso Cano, Manuel I. Collado, Augusto Chirinos Pacheco, Eloy Durán, José D. Febres, Dr. Eliodoro R. Farfán, César Gallardo, Constantino Gallardo, Arturo C. García, Dr. J. Simón García, Ciriaco García Pacheco, Benedicto Guillén, F. Adrián Huaco, Braulio Huaco, Dr. Manuel J. Huaco, José Julián Lazarte, Justo Lazarte S., Maurilio F. Lazo, Manuel Medina, Guillermo J. Mogrovejo, Ángel M. Revilla, Julián Rivera, Gerardo F. Rodríguez, José Emilio Rodríguez, Rubén E. Rodríguez, Andrés Rodríguez Carbajal, Darío Rodríguez Llerena, Pedro Salinas de Rivera, Dr. J.M. Roig Rivera, Gaspar Silva Rendón, Gerardo Torres Málaga, Daría Viscardo, Julio C. Zúñiga, Andrés Zúñiga Z, y Eloy Zúñiga Valcárcel.

A fines de 1915, realizaron la primera junta general de socios y eligieron el primer directorio del periódico que lo bautizaron como: “Evolución”, nombre que fundamentaba que ese medio periodístico ayudaría a culturizar y a mejorar distintos temas y rubros que la población de los principales pueblos del valle de Majes como: Corire, Huancarqui y Aplao, y tenga una cobertura hasta la parte alta del valle en pueblos como: Andamayo, Chuquibamba, Pampacolca y Viraco. Los integrantes del directorio fueron: presidente el doctor J. Bedregal Delgado, vicepresidente Luis O. Belaúnde, vocales: Roberto García y Daniel P. Lizárraga, secretario Andrés Zúñiga Z, en su primera sesión acordaron nombrar a Felipe S. Rosas como redactor y a Manuel Zúñiga Z., como administrador.

El semanario “Evolución”, se publicó desde el primero de enero de 1916 hasta el 6 de diciembre de 1918, desde su inicio hasta febrero de 1917 tuvo como sede al pueblo de Aplao y luego desde el N°60 hasta su último número fue impreso en el pueblo de Pampacolca, viendo la luz un total de 112 números a lo largo de tres años. Desde el número 89, de fecha primero de enero de 1918, se convirtió en una publicación quincenal, como lo anunciaron en su encabezado de página.

En el primer número en su primera página, presenta un mensaje de los editores que explican el nombre del periódico, sus objetivos, lo que ofrecerá y un diálogo de preguntas entre un padre y su hijo, relacionadas al medio de prensa, de autoría  de J. Simón García. A continuación, el primer artículo titulado “Castilla y su nueva juventud”, explica la importancia del rol de la juventud de la provincia, en un momento muy difícil para la población, el autor Darío Rodríguez Llerena, resaltaba:

“En el revuelto escenario de los egoísmos humanos, en medio de los prejuicios que carcomen paulatinamente el augusto edificio social de las colectividades de Castilla, tributándose aplausos a todas las deslealtades y a la anormalidad política, el espíritu experimenta sed insaciable de virtud y de salud moral cuando reflexiona sobre la existencia y las orientaciones bien definidas de su nueva juventud”.

No podía estar ausente una composición poética relacionada al territorio majeño, por ello figura el autor Francisco Mostajo, historiador, literato y político representativo de Arequipa de la primera mitad del siglo veinte, su composición  data de 1914, la envió como colaboración al periódico y es la siguiente:

En el valle

Arrastra tu caudal, río Majes,
tu abundoso caudal que fecundiza,
de las vides los próvidos encajes
y los airones de caña iza.

¡Cual despliega Pomona sus paisajes
en tu quebrada que al azur hechiza!
¡Cual en tu honda en sus rápidos visajes
el camarón o el pejerrey desliza!

Arrastra tu caudal. Su llanto umbrío
en el vértigo el poeta infortunado,
el poeta Melgar, triste de amores.

Y hoy yo, lejano del terruño mío
y de gloria y angustias olvidado,
correr te veo al mar…!Toma mis flores!

En el contenido de “Evolución”, podemos rastrear las noticias o temas relacionados a la viticultura majeña, los cuales los podemos clasificar en los siguientes artículos:

  • “Conservación del vino”, del autor M. Jossa.
  • “El cultivo de vid durante el coloniaje”, fragmento de un artículo cuyo autor fue J. Alfredo Piccaso, publicado en Lima en el diario El Comercio en 1910.
  • “Posible adopción en el Perú de los métodos de vinificación y cultivo de la vid”, Lima 4 de marzo de 1916, ingeniero agrónomo P. Ricome, Jefe del Servicio Vitícola y Enológico.
  • “Vino avinagrado”.
  •  “Vinificación”, del folleto “Estudio sobre el viñedo de Moquegua”, realizado por F. Chabert y L. Dubose, publicado por el Ministerio de Fomento.
  • “La renta de alcoholes en Majes”.

También figuran avisos que fueron de venta de aguardiente de moscatel de la hacienda de Cochate, de Ramón Nonato Zegarra ofreciendo su servicio de construcción de alambiques, falcas y trabajos en cobrería, venta de tubos de cobre para desaguar las falcas, venta de un fundo con cepas de Italia en el distrito de Uraca, y otra venta, de 26 topos de la hacienda de Huatiapa. Hay dos pequeños avisos, en el primero se hace referencia a la cosecha de uva del año 1915 fue 25% menos y comunica que “el precio del aguardiente de uva es de soles 16 ql”; y el segundo, difundía los precios de los productos del valle estableciendo: aguardiente de uva a 12 soles el quintal, aguardiente de caña a 6 soles el quintal, vinos del año 5 soles el quintal, mazo de chancaca a 0.23 soles.

El periódico “Evolución”, marcó época en el valle de Majes, ya que por primera vez sus habitantes pudieron tener acceso a un medio de prensa en el que podía salir su nombre o reseña de su actividad. Las causas económicas y la posterior apatía generaron que se disuelva la empresa; sin embargo, para el tema vitivinícola pisquero, nos ofrece textos para que los vinculados al rubro mejoren sus prácticas con otros métodos y nuevos recursos.

 

ANEXO 1

 Conservación del vino

Durante el invierno es cuando el vino se purifica abandonando toda substancia heterogénea sólida y suspensa y algunas substancias disueltas que por efecto de la baja temperatura del estado soluble pasan al estado insoluble. Así se explica la clarificación natural y espontánea de los vinos. Pero no todos los vinos se hallan natural y espontáneamente puros, interviniendo a obstaculizarlos varias causas, entre ellas el estado del vino, las vasijas, la bodega, y la temperatura.

Por regla general todo vino sano y completo, que procede de una vinificación racional y de una fermentación regular, completa y a baja temperatura, se aclara prontamente. Los vinos dulces, turbios y los revueltos no se aclaran nunca por si solos, porque están en estado de fermentación secundaria, obrándose un variado número de acciones químicas que disuelven y tienen suspensas las substancias sólidas, en lugar de hacerlas precipitar. Estas reacciones alteran el equilibrio entre los componentes constitutivos del vino, el cual pierde sus cualidades, su precio y sus valores saludables.

También las vasijas pueden obstaculizar la aclaración del vino, porque, cuando ellas son deficientes como clase y como estado de sanidad y de pureza, engendran alteraciones profundas, que a menudo son causa de la imperfección de los vinos contenidos, que no solo se aclaran, sino que paulatinamente se echan a perder. En una mala vasija el buen vino se altera.

La bodega ejerce también una influencia capital sobre la conservación del vino. A nada serviría tener desde un principio un buen vino y buena vasija si el ambiente donde se coloca no corresponde en sus dimensiones, forma, hechura, calidad, etc.

En cuanto a la temperatura, esta es consiguiente a la vasija y a la bodega, porque si la vasija es propia, de material adecuado y de paredes gruesas, y si la bodega es sana y bien resguardada contra los agentes atmosféricos, ella se mantiene uniforme y baja, que es la que requiere el vino, y la que provoca la precipitación de las heces, e impide las fermentaciones secundarias.

Son tres cosas que el viticultor deberá poner en práctica para la conservación del vino: buena vasija, buena bodega, temperatura fresca.

En la estación del frío, el vino deberá descansar en vasijas desprovistas de borras, por lo cual se hace necesario el trasiego de vasija a vasija, trasiego hecho con todas las reglas enotécnicas para impedir el remezclamiento de las heces, y por consiguiente el enturbiamiento y la perdida de los éteres y el ácido carbónico, tan saludables y útiles para el bouquet y el gusto. Antes y durante el trasiego la higienización de la bodega, de las vasijas, de las maquinarias y de los útiles se hace indispensabilísima.

Tenemos así el vino limpio y quieto en los toneles, pipas o bordalesas, ahora nuestra preocupación invernal es tenerlos perfecto y constantemente llenados y tapados usando tapones perfectos e higiénicos y haciendo los rellenos semanales, decenales o quincenales. De otra parte se cuidará de que la temperatura sea posiblemente constante y se limitará la entrada de la luz y el aire en la bodega.

El vino conservado en ambiente de temperatura baja y constante, se mantiene siempre de sabor fresco y frizante, de color vivo y de espuma roja, ni se oxida fácilmente ni pierde su transparencia, su vivacidad, ni se enriquece de ácidos volátiles como acontece en los ambientes cálidos y de temperatura variable.

Durante el invierno es cuando también se filtran o se clarifican artificialmente los vinos. Si el vinicultor se halla con un vino turbio, difícil de aclararse o con un vino afectado de fermentación secundaria, él procederá en seguida a pasarlo al filtro. La filtración es operación necesaria corriente en las bodegas de clima cálido, y por lo tanto es bastante delicada que pocos son los que la conocen y la hacen con perfección. Un vino con principio de alteración se filtrará hasta conseguir su perfecta brillantez.

La clarificación con clarificantes específicos es poco practicada entre nosotros y sería oportuno anchar sus útiles aplicaciones en las bodegas donde se preparan los tipos de vinos de mesa sean corrientes o finos. Para obtener buen resultado de la clarificación se necesita tener suficiente conocimiento y práctica de ella y obrar a temperatura posiblemente baja y constante y con vinos sanos, ya claros o apenas velados. Vinos enfermos y turbios no se consigue clarificarlos.

M. Jossa.

 

ANEXO 2

El cultivo de la vid durante el coloniaje

Uno de los frutos del antiguo continente que en los primeros tiempos de la conquista introdujeron los españoles a la América fue la vid.

Es evidente que cuando Pizarro y sus compañeros conquistaron el Perú no encontraron ninguna ampelídea del género vitis, tanto de la familia de la vitis vinífera o asiática, cultivada en el viejo mundo del tiempo de Noé, como tampoco de las vides salvajes como la labrusca, riparia, rupestris, etc. que los pilgrims fathers encontraron en la América del Norte, cuando en 1620 fundaron la colonia de Plymouth, o la vitis caribea que Colón y sus compañeros hallaron en las islas Caribes.

La necesidad, madre de toda iniciativa, fue la que obligó a los españoles a introducir el cultivo de la parra en el Perú, que indudablemente fue la primera colonia española, y el primer lugar de la América, en donde se cultivó la vitis vinífera, pues del Perú se llevó a Chile, a Charcas, etc., y en la California sólo fue introducida en 1740, por los padres jesuitas en la misión de San Diego.

El vino, en los primeros años de la conquista, venía de España y era un artículo de lujo, que llegó a escasear en sumo grado y aún faltó en lo absoluto para celebrar misa.

Fue entonces que el arzobispo de Lima Jerónimo de Loayza, tuvo que implorar la caridad pública solicitando de los vecinos limosna de vino para poder ofrendar el santo oficio de la misa y como no surtiera efecto la súplica del mitrado, la autoridad seglar resolvió hacer cala y cata, o requisa de vino, como diríamos ahora, de casa en casa de la ciudad de los reyes encontraron oculta media botija de vino, que su dueño había escondido como a un tesoro, y que sirvió para que las iglesias tuvieran con que celebrar misa, mientras llegaba vino de España.

Y en aquella época, de tanta escasez, el vino llegó a valer quinientos ducados la arroba, o sea cosa de trescientas libras de nuestra moneda.

Entonces don Francisco de Caravantes, uno de los principales conquistadores y natural de Toledo, hombre noble y emprendedor por haber visto al arzobispo pedir en vano limosna de vino, de puerta en puerta, resolvió introducir en la colonia el cultivo de la vid, que prometía, además ser muy remunerador, por los altos precios que se pagaban por los vinos importados de España; y con tal objeto envió un comisionado especial a aquel país para traer plantas de parra.

Siguiendo el comisionado la ruta usada en aquella época tocó en las islas Canarias y sea para regresar más pronto y acortar su viaje o para que la planta llegase más fresca al Perú, no siguió para España sino que regresó a Lima, trayendo sarmientos de parra de las Canarias. El empleado de Caravantes, que probablemente no era entendido en la materia, no se preocupó en escoger la calidad de uva más aparente para la elaboración del vino, ni de traer de varias clases, sino que trajo solo de una variedad y de la primera consiguió, que resultó ser prieta y no del todo tinta, y así que el vino que de ella se obtuvo salió aloque y no tinto como el de España. Esto explica porque no hemos tenido las buenas clases de uva para vinos, que se cultivan en España y porque jamás hemos podido elaborar buenos vinos de mesa como los de Valdepeñas, Cariñena, Rota, etc., con las vides cultivadas durante el coloniaje.

Es cosa averiguada que las primeras parras se plantaron en Lima con los sarmientos hechos venir por Caravantes, y ya en el año 1551 uno de los primeros pobladores de la ciudad de los Reyes, llamado don Hernando de Montenegro, obtuvo la primera cosecha de uvas, para cuya venta fue comisionado de orden del cabildo el fiel ejecutor, que lo era el licenciado don Rodrigo Niño. La uva fue avaluada y vendida a razón de medio peso cada libra, precio que pareció muy bajo a Montenegro, por la escasez y estimación que se tenía en aquel tiempo a fruta tan nueva y regalada, y como el ayuntamiento no le hiciera caso, ocurrió a la real audiencia para que enmendara el agravio que a sus intereses se había causado por la autoridad comunal, fijando tan bajo precio a la uva por primera vez cosechada en la colonia.

De Lima la parra fue llevada casi simultáneamente a los valles de Huamanga, Arequipa, Vítor e Ica. Hablando del cultivo de la vid en el Perú y refiriéndose al clima dice el padre Cobo: “Hállanse temples tan admirables en este reino del Perú, donde no pierden la hoja, las viñas en todo el año, y otros donde siempre van dando fruto por este orden, en que una misma huerta van podando las parras a diferentes tiempos, unas después de otras, las cuales van fructificando todo el año, por el mismo orden que se podaron, como vemos acaece en el valle de Sángaro, diócesis de Huamanga. Finalmente, goza esta tierra con abundancia de todas las utilidades que resultan de esto planta, a saber, de regalado fruto, de las pasas que se hacen de uva mollar, de arrope, aguardiente, vinagre y sobre todo de gran copia de vino, el cual antes de que acá se diera, se traía de España en botijas y valía tan caro que más rehusaba uno convidar huéspedes a su mesa, por no darles de beber, que por la costa que podía hacer en darles de comer; no era uno su precio en todos tiempos, unas veces valía la botija en esta ciudad de Lima cincuenta pesos, otras veinte más o menos conforme, acertaba a venir mucho o poco, mas al presente es tan barato como dejo dicho y se tiene ya muy poco el de España”.

El cultivo de la vid no podía dejar de dar los mismos resultados en el Perú y demás colonias españolas que ha dado en todo el mundo, habiendo sido los primeros ensayos muy favorables. La viña fue llevada, como he dicho, a Chile, a Charcas, y al río de La Plata, En el Perú se propagó rápidamente, y según los cronistas de aquella época ningún otro cultivo de los introducidos por los españoles en sus colonias, llegó a prosperar más que el de la vid. Los valles de Ica, Pisco, Nazca, Vítor, Moquegua y Locumba, en donde se dedicaron de preferencia los españoles a plantar extensas parras, por las especiales condiciones que tenían para ese cultivo, se convirtieron muy pronto en emporios de riqueza, y allí, donde años antes solo se veían terrenos áridos e incultos, se plantaron hermosos viñedos y se levantaron importantes ciudades que prosperaron mientras la vid fue productiva. Y no se crea que el cultivo de la parra prosperó debido a los altos precios en que se vendían el vino y el aguardiente durante el coloniaje. Los datos que da el padre Cobo, hacen ver que el vino bajó mucho de precio por la gran producción; y conozco una escritura pública en que consta la venta de un número crecido de botijas de aguardientes hechas en Ica, a principios del siglo pasado, al precio de seis pesos la botija. La parra ha dejado de ser un cultivo remunerador porque su producción ha bajado tanto por su edad, cuando porque no se le da el cultivo que ella requiere y no se abona la tierra cansada de producir un mismo fruto durante tres siglos y medio. Y es un hecho, que está comprobado, que durante el coloniaje los viñedos en el Perú ocupaban triple y cuádruple extensión que en la actualidad. Sin ir muy lejos en el valle de Nazca, cuya producción es casi nula hoy, tenía haciendas como las de San Javier y San José, que solas producían 22,000 botijas de aguardiente al año que se embarcaban por las caletas de San Nicolás y Caballas.

El estudio que he hecho de los viñedos más antiguos que existen en esta provincia y que indudablemente datan del tiempo del coloniaje, revela que la parra de más edad que se encuentra es la variedad que llamamos “negra” o “común”; después vienen las parras de mollar, de quebranta, llamada no se porque “moscatel”, que más parece una labrusca que vinífera, la de gallo y la de “Italia” que es el moscatel europeo o la “apiana” de Columela. Salvo está que es la más reciente introducción ninguna se asemeja a las vides descritas en la Ampelografía del insigne agrónomo español Rojas Clemente, ni en otras obras españolas más modernas, y esto me hace suponer que la vid traída de las Canarias por Caravantes ha sufrido diversas transformaciones, debidas al clima y terreno, produciendo variedades que con el transcurso del tiempo se han distinguido unas de otras por caracteres bien marcados y que constituyen las que existen en los viejos viñedos.

 

ANEXO 3

Vino avinagrado

Según dice un periódico francés, hay una receta infalible para corregir el vino completamente avinagrado, si bien debe consumirse lo antes posible, o destilarlo si quiere conservarse más tiempo.

Por cada hectolitro de vino agrio se hace tostar como si fuera café, un puñado grande de trigo, cuando aún está muy caliente, se le hecha en un saquito de forma cilíndrica, con el objeto de facilitar su introducción por el agujero de la barrica; se cuelga de una cuerda, y se deja que se mueva en el líquido; después se agita el tonel por espacio de algunos minutos, pasados dos horas próximamente, se saca el saquito y el vino está curado.

El trigo que ha servido para la operación presenta entonces un olor tan infecto que hasta las gallinas lo repugnan.

 

ANEXO 4

La renta de alcoholes en Majes

Nos ha sido posible obtener los interesantísimos datos estadísticos que van a continuación sobre el rendimiento del impuesto o a los alcoholes tributados por los productos de nuestro valle. En el primer semestre del año próximo pasado 1916, se recaudaron en las diversas oficinas de la Compañía Recaudadora de Majes, sólo en el ramo alcoholes Lp. 4523-731, y en el segundo semestre del mismo año, 6595-087.

Siendo por consiguiente la recaudación total del año, Lp. 11118.818.

El producto de los mismos impuestos a los alcoholes en el año anterior 1915, fue de Lp. 7716-844, habiéndose obtenido, por consiguiente un aumento en 1916 de 3401-474, que representa un 44%.

El rendimiento del impuesto a los alcoholes de Majes ha sido superior en 1916, a cualquiera de los obtenidos en los diez últimos años, como se demuestra por el siguiente cómputo:

Año de 1907, Lp. 9845-907
Año de 1908, Lp. 7172-857
Año de 1909, Lp. 6127-677
Año de 1910, Lp. 6557-838
Año de 1911, Lp. 7558-251
Año de 1912, Lp. 8060-984
Año de 1913, Lp. 9167-537
Año de 1914, Lp. 6767-697
Año de 1915, Lp. 7716-844
Año de 1916, Lp. 11118-318

Todas estas cantidades se refieren únicamente al rendimiento del impuesto, no al mojonazgo que constituye renta escolar, ni a arbitrios municipales que se cobran por la misma Compañía Recaudadora.

El aumento de la renta, anotado, no debe atribuirse únicamente a la mayor tarifa del impuesto por la ley promulgada en 20 de febrero de 1915, sino a la percepción del impuesto sobre mayor volumen de aguardientes. Así se desprende de los siguientes guarismos que fijan la producción de Majes controlada por la Recaudadora en los últimos 7 años.

Cantidad de litros (alcohol absoluto) que abonaron impuesto en:

1910, de caña 30681, de uva 219518
1911, de caña 11703, de uva 302714
1912, de caña 85838, de uva 195654
1913, de caña 132564, de uva 155242
1914, de caña 90068, de uva 126305
1915, de caña 98096, de uva 97767
1916, de caña 169485, de uva 92784

Es interesante observar en el cuadro precedente, que mientras el alcohol de caña sigue una progresión ascendente, el de uva marcha a la inversa. Este hecho es el resultado de la campaña abierta por la Recaudadora contra los alcoholes desinfectados de caña que se ponían al consumo como de uva, eludiendo la diferencia de taza, en el impuesto. Se debe también la disminución de los productos de uva, a la menor área de cultivo que ahora se dedica a la vid, como a las malas cosechas obtenidas en los últimos años.

Pero, principalmente, debe atribuirse el mejor rendimiento de impuesto en 1916 al buen precio del aguardiente de caña en el Mercado de Arequipa que ha permitido su internación a éste, sin eludir el pago del impuesto del contrabando. No puede ser de otro modo puesto que la producción de alcoholes de caña, lejos de aumentar disminuye, y sólo últimamente se han hecho nuevas plantaciones de caña que estarán en estado de molienda después de uno o dos años.

 

ANEXO 5

Avisos

 

Bibliografía y fuentes.-

Periódico EVOLUCIÓN, 1916-1918.

AAVV. Historia general de Arequipa. Fundación Manuel J. Bustamante de la Fuente, Arequipa, 1990.

 

[1] El autor es Magister por la Universidad Andina Simón Bolívar de Sucre, Máster por la Universitat Jaume I de Castellón, Diploma de Estudios Avanzados por la Universidad Pablo de Olavide de Sevilla, Doctorando por la Universidad de Tarapacá, Chile.